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EFECTO PIGMALION

Efecto Pigmalion

J. W. Goethe, poeta y dramaturgo alemán, dijo “si tratamos a una persona como lo que es, seguirá siendo lo que es; pero, si la tratamos como lo que podría ser, entonces se convertirá en todo lo que puede llegar a ser”.

Robert K. Merton, sociólogo determinó que “ una profecía autocumplida es una falsa definición de una situación o persona, que evoca un nuevo comportamiento, el cuál hace que la falsa concepción se haga verdadera”. Dicho de otro modo, es una expectativa que incita a las personas a actuar de forma que ésta se haga realidad. Este engaño al que damos suficiente certeza perpetúa el error, pues el poseedor de la falsa creencia, percibirá el curso de los acontecimientos como una prueba de que estaba en lo cierto desde el principio. Así, cuando una esposa cree que su matrimonio fracasará, sus miedos le harán comportarse de tal manera que se confirme dicho fracaso.

Por tanto, una profecía positiva o negativa declarada como verdad, aunque sea falsa, podría condicionar suficientemente a una persona como para que sus reacciones cumplan esa creencia.

Parece existir una relación directa entre las expectativas que hay sobre un sujeto y el rendimiento que se obtiene de éste. Así pues, el Efecto Pigmalión describe como la creencia que tiene una persona sobre otra puede condicionar el rendimiento de esta última. Este efecto se fundamenta en la historia de Pigmalión narrada en la obra “Las metamorfosis”, del poeta latino Ovidio.

“Durante mucho tiempo Pigmalión, Rey de Chipre, había buscado una esposa cuya belleza correspondiera con su idea de la mujer perfecta. Frustrado en su búsqueda, decidió no casarse y dedicaría todo su tiempo y el amor que sentía dentro de sí a la creación de las más hermosas estatuas.

Al rey no le gustaban las mujeres que veía, y vivió en soledad durante mucho tiempo. Cansado de la situación en la que se encontraba, empezó a esculpir una estatua de mujer con rasgos perfectos y hermosos. Así, esculpió una joven, a la que llamó Galatea, tan perfecta y tan hermosa que se enamoró de ella perdidamente. El rey se sentía atraído por su propia obra, y no podía dejar de pensar en su amada de marfil llegando a soñar que la estatua cobraba vida.

En una de las grandes celebraciones en honor a la diosa Venus que se celebraba en la isla, Pigmalión suplicó a la diosa que diera vida a su amada estatua. La diosa, que estaba dispuesta a atenderlo, elevó la llama del altar del escultor tres veces más alto que la de otros altares. Pigmalión no entendió la señal y se fue a su casa muy decepcionado.

Al volver a casa, contempló la estatua durante horas. Pigmalión se dirigió a la estatua y, al tocarla, le pareció que estaba caliente, que el marfil se ablandaba y que, deponiendo su dureza, cedía a los dedos suavemente, como la cera del monte Himeto se ablanda a los rayos del Sol y se deja manejar con los dedos, tomando varias figuras y haciéndose más dócil y blanda con el manejo. Al verlo, Pigmalión se llenó de gran gozo mezclado de temor, creyendo que se engañaba. Volvió a tocar la estatua otra vez y se cercioró de que era un cuerpo flexible y que las venas daban sus pulsaciones al explorarlas con los dedos. Volvió a besarla, y la estatua cobró vida, enamorándose perdidamente de su creador. Al despertar, Pigmalión se encontró con Afrodita, quien, conmovida por el deseo del rey, le dijo "mereces la felicidad, una felicidad que tú mismo has plasmado. Aquí tienes a la reina que has buscado. Ámala y defiéndela del mal". Venus terminó de complacer al rey concediéndole a su amada el don de la fertilidad. Y así fue como Galatea se convirtió en humana”.

Alineándose con este fenómeno surge el Efecto Rosenthal, según el cual, las personas que tienen expectativas positivas respecto a sus hijos, alumnos o colaboradores, generan un clima socioemocional más cálido, entregan más información, dan mejor retroalimentación sobre los resultados alcanzados y ofrecen las mejores oportunidades.

Rosenthal, con la colaboración de Lenore Jacobson, directora de una escuela, realizó un experimento a final de los sesenta donde ofrecieron información falsa a los profesores sobre la capacidad intelectual de algunos de sus alumnos.

En un primer momento realizaron una prueba de inteligencia a los alumnos y posteriormente dividieron a éstos en 2 grupos al azar, sin tener en cuenta los resultados obtenidos. Sin embargo le comunicaron a los profesores que uno de los grupos eran alumnos “situados por encima del promedio, de los que se podía esperar progresos notables”. El estudio, intentaba determinar si los profesores podrían tener la capacidad de influir en el rendimiento de los alumnos en función de las expectativas que les habían creado.

Así pues, Rosenthal observó lo siguiente: los profesores que creían que un alumno era bueno, le sonreían con más frecuencia, lo miraban más tiempo a los ojos, le daban más retroalimentación (sin importar si sus respuestas eran correctas o incorrectas) y sus reacciones de elogio eran más claras.

Al final del año, Rosenthal volvió a aplicar la prueba a todos los estudiantes. El resultado fue que los chicos del grupo experimental, sobre los que se tenía la expectativa de que estaban más capacitados, mostraron unos resultados en los test de inteligencia superiores a los que se hubiese esperado de ellos sin la intervención realizada, y las notas obtenidas en los test mejoraron mucho más que el grupo de comparación, de capacidades similares.

Estos resultados llevaron a los investigadores a concluir que las expectativas infladas que los profesores tenían sobre determinados estudiantes, y muy probablemente su comportamiento respecto a aquellos acompañando estas expectativas, fueron la causa de que los estudiantes experimentaran un mayor crecimiento intelectual. Por tanto es importante subrayar la importancia de manejar expectativas positivas hacia aquellos a quienes orientamos, enseñamos o dirigimos.

Por otra parte, no podemos olvidarnos del EFECTO GALATEA que hace referencia al poder que ejercen las auto-expectativas sobre lo que logremos llegar a ser con el fin de que logren cumplirse. Según este efecto, el éxito de nuestra vida dependerá, en gran medida de las expectativas que tenga cada individuo de sí mismo y no necesariamente va a depender de las ajenas. De esta manera, la ley Galatea de la proporcionalidad nos indica que a mayor expectativa sobre sí mismo mayor será el éxito personal.

Volviendo a la extraordinaria influencia de las creencias o expectativas proyectadas sobre los demás o respecto a nosotros mismos, según la Teoría de la autoverificación de Swann, (1987), la gente tiene un deseo básico de confirmar sus autoconceptos, incluido el modo en que se ven a si mismos. Así mismo. quieren encontrar armonía entre sus percepciones y la información nueva que les llega. De esta manera, la teoría sugiere que existencialmente es placentero confirmar el autoconcepto, incluso si es negativo, ya que la persona se siente congruente al observar que su percepción coincide con la de las demás personas.

De esta manera, verificamos las falsas creencias de otras personas actuando conforme a ellas y viviendo de acuerdo a un rol, lo que nos proporciona un firme sentido de identidad.

ADAMSON PSICOLOGÍA. Mª Ángeles.

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